miércoles, 19 de julio de 2017

Día 46. Julio 15. Faltan 82 días.


Este era un día para salir temprano a la casa de los abuelos. Teníamos invitación a desayunar. El pequeño Felipe se despertó muy temprano, a las cinco de la mañana, porque la noche anterior se había acostado temprano. Entonces aprovechamos para tomarnos la mañana con calma y para ir alistándonos para salir sin prisa y sin afanes. Ya pasaron los puentes y supuse que la salida de Bogotá no iba a estar tan complicada. Nos tomamos la mañana con toda la pereza. Al final, terminamos saliendo a las 7:30 am para donde mi mamá.

Contrario a lo esperado y al borde del desespero, el tráfico a la salida de Bogotá estuvo insoportable. Acá todavía creemos que las dobles calzadas son la manifestación máxima del desarrollo vial. No lo son. Y mucho menos para evacuar una ciudad de casi ocho millones de habitantes por su costado noroccidental que lo comunica con medio país. La calle 80 termina en cinco carriles que súbitamente se reducen a dos haciendo un embudo impasable. En resumen, me demoré 40 minutos en un trayecto de no más de cuatro kilómetros, gran parte del tiempo en un puente que pasa sobre el río Bogotá. Nada agradable esperar allí.

Casi a las nueve llegué a donde mi mamá. Afortunadamente el pequeño Felipe había dormido todo el trayecto y no sufrió el trancón. Llegó animado, contento, le encantó ver de nuevo a su abuelita. Llegamos a desayunar y después Pipe me pidió que lo acompañara a dar una vuelta por la finca para ver los "babaus", los "maus" y por supuesto a "Lola", su vaca favorita. Cuando entramos a la piscina Felipe se emocionó y metió los pies, con las medias y los zapatos puestos. Estaba haciendo sol, la mañana estaba cálida, entonces decidí darle gusto y meterme con él un rato. El agua estaba helada, más fría que de costumbre, entonces Pipe decidió abrazarme y nos quedamos en el agua gélida abrazados un rato, soportando el frío y pensando que a la salida el sol nos iba a calentar.

Mis hermanos empezaron a llegar porque en este día celebraríamos los cumpleaños de tres de los ocho hermanos que cumplimos la misma semana. De hecho, cumplo el mismo día con uno de mis hermanos. Menuda puntería la de mis viejos para dejarnos a los últimos tres agrupados por la misma fecha. Al medio día sirvieron el almuerzo, una suculenta lechona que mi mamá compró para celebrarnos el cumpleaños a Luis, a Alejandro y a mí. Los contemporáneos del pequeño Felipe son los bisnietos. Hay tres bisnietos de mis padres que son mayores que el pequeño Felipe, es decir, hijos de mis sobrinos. Y son los de la misma generación de Pipe, con los que puede jugar. De los tres fue la pequeña Luciana, que es hija de mi sobrina Ana Milena. Y Pipe jugó con ella, tocó un poco el piano y se divirtió.

Luego se fueron algunos de mis hermanos y quedamos los suficientes para jugar cartas un rato con mis tíos, quienes todavía están de visita donde mi mamá. Yo jugué un rato, pero venía la hora de darle la cena al pequeño Felipe, de empiyamarlo y de intentar acostarlo. Con las dos primeras no tuve problema, pero Pipe no tenía la más mínima intención de acostarse. Cuando hay visita, cuando ve movimiento y más personas, quiere aguantar hasta el final. Yo tampoco lo quería presionar. El domingo no había necesidad de madrugar porque mi plan era en la tarde y la mañana la podía pasar con él. No habría fútbol. Finalmente se durmió un poco antes de las nueve ya extenuado. Cayó en su colchoneta con el tetero y se quedó profundo. Así terminó un día familiar, lleno de tíos, tías y primos. Se divirtió, se metió a la piscina y tocó piano con su pequeña prima, o mejor, con la hijita de su prima.

El pequeño Felipe disfruta los fines de semana donde la abuela. Le hace bien el campo y la familia, se le pasa rápido el día y goza con los animales que no puede tener en la ciudad.

Esto cada vez está peor. Ahora tengo un día más de rezago y sigo escarbando en mi memoria los días que se me van pasando. Pero seguiré, así colgado, como Nairo Quintana a pesar de las colgadas en cada etapa, llegaré al final.

Muchas gracias por leerme. Ya llegaré a empatar los días como se debe. Gracias por la paciencia. Feliz noche.


lunes, 17 de julio de 2017

Día 45. Julio 14. Faltan 83 días.


Ahora sí tengo un rezago realmente serio y esto solo demuestra cuán rápido están pasando los días. En un abrir y cerrar de ojos voy colgado cuatro días. Por ahora, solo espero no colgarme más y acudir a los buenos oficios de mi memoria para ponerme al día esta semana, sin presión y sin culpas. Finalmente, el objetivo de este diario es que me sirva como terapia para sobrellevar este rol con el pequeño Felipe y no una obligación que me complique y me deprima. Por eso seguiré al ritmo que el tiempo y las prioridades me permitan, tratando de que cada día quede documentado.

Bueno, del viernes puedo decir que pasó una semana más sin mayor sobresalto, afortunadamente. Felipe está cada vez más tranquilo, más adaptado a su situación y más consciente de la ausencia de su mamá, a la que recuerda todos los días sin falta. Pipe se levantó a las seis de la mañana sin ninguna novedad y cuando bajamos a desayunar me mostró una fotografía de Ángela que tengo encima de la chimenea y me pidió que se la pasara. La contempló un rato, la paseó en su trencito y finalmente la dejó sobre la mesa de centro de la sala. Apenas la soltó, Ángela nos llamó por Skype y se vieron un rato. Después de eso, llevé al pequeño Felipe en el jardín infantil y se quedó fresco, contento, como toda la semana.

Yo regresé a la casa para alistarme porque a las once de la mañana tenía que hacer una visita a un profesor mío del colegio. Fue mi profesor de trigonometría en décimo grado y creo que de esa materia no aprendí ni siquiera a pronunciar bien la palabra. Pero no fue su culpa, la verdad, en matemáticas desde que me enseñaron a dividir, todo se me complicó. Por eso amo las letras, porque los números no se me dieron jamás. Sin embargo, de ese maestro aprendí su legado para la vida. Es una persona íntegra, de esas que enseñan con el ejemplo y que comprende que la academia va mucho más allá del mero conocimiento. Recuerdo que el día de la primera clase, hace más de 27 años, nos dijo: "Entre ustedes los estudiantes y nosotros los maestros no hay ninguna diferencia. Ambos merecemos respeto. Lo único que cambia es que nosotros tenemos más años, más experiencia, y por eso es importante que nos escuchen y sigan nuestros consejos. Hemos vivido más y eso es algo que ustedes solo podrán lograr cuando lleguen a nuestros años". Esas palabras fueron revolucionarias en su momento para mí. Primero, porque las jerarquías eran muy marcadas entre los docentes y los estudiantes, por eso me parecía atípico y maravilloso que un maestro se pusiera a nuestro nivel desde el punto de vista del respeto y segundo, porque me hizo entender el valor de la experiencia desde la vida misma. La vida en sí misma genera conocimiento y sabiduría, no por los títulos ni el éxito, sino por la experiencia que dan los años. Eso me pareció revelador y conservo esas palabras como una magnífica enseñanza. Por eso era tan importante para mí ir a donde mi profesor, porque sus palabras siempre dan aliento y sus historias de vida son asombrosas. Fue magnífico haberlo visto y haber conversado con él. Me encantó conocer un poco más de su vida, recorrer su casa, ver las condecoraciones y reconocimientos que se ha ganado a pulso y ahora en el reposo de su pensión, escucharlo es un bálsamo para el espíritu.

Mientras estaba donde mi profesor llegó un mensaje de whatsapp de la directora del jardín pidiéndonos recoger a los niños a las dos de la tarde porque el sector seguía sin agua y se habían terminado los tanques de reserva. Entonces regresé a la casa justo para recoger al pequeño Felipe en el jardín. Salió contento. Los viernes tiene prisa por irse para la casa, algo le dice que viene el fin de semana, la casa de los abuelos, quizás piscina y familia y parece que eso lo entusiasma. Quise sacarlo al parque pero llovió en la tarde entonces debimos quedarnos jugando en la casa. Le saqué todos los juguetes que le gustan, un par de balones y una bomba que a pesar del tiempo no se desinfla. Ventaneamos un rato para ver "caos" y "babaus" y un par de "maus" que se asoman en uno de los apartamentos del edificio de en frente. A las cinco de la tarde lo noté cansado y prendí la televisión en Zoo Moo para que se relajara un rato con sus programas de animales. A las cinco y media le di la comida y a las seis pasadas ya lo estaba empiyamando sin mayor resistencia. Estaba cansado, con ganas de dormir temprano, y antes de las siete ya se estaba tomando su tetero para dormir. Pasó una semana calmada, con Pipe saludable y contento, empezando un fin de semana que iba a tener actividades familiares en la casa de los abuelos. Ya les contaré.

Muchas gracias por leerme. Ofrezco excusas por haber perdido el ritmo y ahora andar colgado varios días. El fin de semana fue un poco ajetreado y no conté con el tiempo que hubiera querido para escribir. Pero bueno, acá estoy, avanzando un poco más lento que el tiempo. Ya lo alcanzaré. Feliz noche.


jueves, 13 de julio de 2017

Día 44. Julio 13. Faltan 84 días.


Pipe se despertó muy temprano esta mañana. A las cinco y media estaba conversando solo. Hoy no me llamó. Solo lo escuché refunfuñando y entré a su cuarto para ver qué estaba haciendo. Me pidió el tetero y como hace un par de días, me lo recibió acostado y me pidió que le echara la cobija encima. Siguió haciendo pereza en su cuna. Yo aproveché entonces también para hacer pereza un rato, esperando a que me llamara para sacarlo de la cama, porque sabía que no iba a seguir durmiendo. A las seis de la mañana gritó "holaaaaa" lo que quería decir que ya era hora de alzarlo y traerlo para mi cama. Lo recosté en el lado en donde duerme Ángela y organizó las almohadas. Me pidió que le prendiera el televisor y apenas lo prendí se fue para el cuarto de los juguetes.

A las seis y media le alisté la ropa y le preparé el agua para bañarlo. Nuestro día empezó normal, como los últimos días, sin mayor novedad. En el desayuno Pipe volvió a ver a su mamá por Skype y conversaron un rato. Le puse su delantal y la chaqueta y decidí llevarlo en coche aprovechando el clima. No fue una mañana fría y él disfruta el paisaje cuando lo paseo en su coche.

Lo dejé con su profe y regresé a la casa para almacenar agua porque anunciaron un corte en el servicio a partir de las diez de la mañana. Almacené agua como para una apocalipsis zombie. En baldes y ollas y además herví agua para Pipe como para una escasez de desierto. Soporto la falta de cualquier servicio público menos la falta de agua. La falta de agua me angustia, de antemano me siento sucio y sediento, solo con saber que van a cortar el servicio.

En la mañana leí un rato largo, al medio día conversé con Ángela y por la tarde organicé documentos. A las tres y media la directora del jardín mandó un SOS porque el corte de agua fue en todo el sector y se estaba quedando sin tanque de reserva. Entonces los padres debíamos ir por los pequeños para sacarlos temprano y así intentar no acabar con toda la reserva de agua del jardín. A las cuatro fui por Pipe y lo traje en el coche. Nos vinimos despacio, relajados, estaba haciendo un buen día. En la casa aprovechamos que aún era temprano para jugar un rato. Pipe tiene un trensito en el que monta y hace muchos ruidos. Dice letras, colores, saluda, se despide y creo que en las noches con tinto conversa con el resto de los juguetes. Pero se quedó sin pilas y eso tenía frustrado al pequeño Felipe. El tren mudo lo tenía supremamente estresado. Entonces le puse pilas y la cara de Pipe cuando lo vio resucitar fue más que sublime. Le salió una sonrisa enorme y me miró sorprendido porque sin más ni más el tren había decidido hablarle de nuevo. Le dio palo toda la tarde hasta que nos sentamos a cenar. La noche transcurrió sin novedad y Pipe se quedó dormido abrazando su tetero.

Hoy fue un día tranquilo. Solo que ahora no sé qué hacer con toda el agua que almacené porque los tanques de reserva del edificio aguantan para dos días y el corte solo es por 24 horas. Ya lavé la loza a totumadas para aprovechar todo el líquido que guardé. Hay que aprovechar cada gota.

Bueno, por fin me pongo al día con el diario. Muchas gracias por seguir con atención esta historia que ya pasa de su primer tercio. Los días van pasando y el momento del reencuentro se está acercando.

Feliz noche.


Día 43. Julio 12. Faltan 85 días.


El día 43 transcurrió con toda tranquilidad. El nanu ya se había ido y de nuevo compartimos la noche solos el pequeño Felipe y yo. Pipe ha tenido noches serenas durante toda la semana y sus días en general han sido normales, rutinarios y serenos. Después de un comienzo azaroso por las enfermedades que le dieron al pequeño Felipe, su salud se ha estabilizado y con ello su ánimo. Además, poco a poco hemos ido adoptando itinerarios que nos han permitido sobrellevar los días de manera natural. Siento que él sabe cómo es el orden de las actividades, tanto en la mañana como en la tarde, y eso ha hecho fluir la convivencia entre los dos con mucho compañerismo, complicidad y amor. Si bien Ángela nos ha hecho mucha falta y sin duda con ella todo es más sencillo, hemos aprendido a vivir juntos y a construir nuestros días de la mejor manera. A él se le ve feliz y yo poco a poco voy asumiendo este rol que va mucho más allá que el de un cuidador. La paternidad tiene muchos más matices que yo no había explorado desde que se me creció Nicolás. Y con Nicolás no era tan consciente de lo que estaba haciendo, actuaba y hacía las cosas y ya. Ahora estoy pasando por un proceso reflexivo mucho más detenido y mucho más profundo que me ha permitido comprender estos dos capítulos de mi vida, en retrospectiva, lo que viví con Nicolás, y en perspectiva, lo que estoy viviendo con el pequeño Felipe.

En fin, la mañana de transcurrió sin sobresaltos y el pequeño Felipe pudo ver a su mamá de nuevo durante el desayuno. Él intenta interactuar con ella, le muestra cosas, le hace muecas, la manda besos y al final se despide con un sonoro "taoooo" que quiere decir chao. Sin embargo, se nota que la virtualidad se queda corta para los dos. A Ángela le queda faltando poder sentirlo, poder abrazarlo, poder consentirlo y el pequeño Felipe aún no entiende bien por qué su mamá sigue detrás de una pantalla. Pero es claro que se ha adaptado mejor Pipe que Ángela. Él ha vivido su proceso cada vez más aplomado y tranquilo. Ángela está cada vez más ansiosa por verlo y por apapacharlo. Lo cierto, es que el tiempo corre a favor para los tres.

Yo regresé a la casa y la pobre Doris aún no había llegado. El tráfico cada vez se le complica más y ella viene desde muy lejos. La esperé porque yo tenía que salir a hacer algunas compras. Decidí no hacer mercado sino que voy reponiendo lo que se va agotando. No quiero quedar con sobrantes cuando llegue el momento de partir. Prefiero medir los gastos y el consumo simplemente para tener lo indispensable. Doris llegó al filo de las nueve y yo salí para hacer las compras. Regresé pasadas las diez y estuve hablando con Ángela un rato. La tarea de conseguir vivienda en nuestro destino no ha sido fácil pero afortunadamente aún queda tiempo para conseguir.

Doris hizo almuerzo y cocinó un manjar que creo que no comía desde mis época en el colegio, es decir, hace muchísimo tiempo: Espaguetis con pollo. Ya había olvidado lo rico que sabe algo tan sencillo. Volví a mi infancia por un momento y disfruté cada bocado. En la tarde estuve leyendo y a las cinco en punto fui a recoger al pequeño Felipe. La historia se repitió. Estaba entretenido jugando y no quería que yo me lo llevara sin que él terminara de jugar. Mientras tanto, la profe me contaba que había encontrado su media mitad en el jardín. Una niña de su misma edad con la que se la pasa. Comparten el tiempo, los juguetes y se cuidan el uno al otro. Yo los pude ver jugando juntos y de verdad se siente la empatía que hay entre ellos dos. Es la única compañerita que tiene la misma edad de Felipe, que hasta ese momento estaba en un limbo con el resto de sus compañeritos que eran o más grandes o más pequeños. Me enterneció mucho verlo socializando con tanta confianza y me encantó ver cómo se comunicaban sin hablar, como si hubieran construido su propio idioma.

La tarde también transcurrió sin mayor novedad. Juguito con galletas al llegar, cena con el capítulo de la colmena feliz y la empiyamada lenta y juguetona como le gusta a Pipe. Pero finalmente cayó redondo con su tetero pasadas las siete de la noche.

En este día se cumple un tercio del tiempo que nos separa de Ángela. Estamos mucho más cerca y el tiempo pasa cada vez más rápido, aunque aveces la ansiedad nos hace sentir como si el reloj se detuviera. La convivencia con el pequeño Felipe ha generado dinámicas de manera natural que nos han permitido sobrellevar esta situación de una manera cada vez más rutinaria y segura. A ustedes, muchas gracias por continuar con este hilo. Sigo atrasado un día pero ya estoy en la tarea de avanzar con el día que tengo pendiente.

Que tengan una feliz noche.



miércoles, 12 de julio de 2017

Día 42. Julio 11. Faltan 86 días.


Ayer fue un día llenó de emotividad. Cumplí 43 años y no sé si exista algo así como la depresión de los 43, pero estuve muy sensible todo el día. El pequeño Felipe se despertó faltando un cuarto para las seis de la mañana. Estaba sonriente pero todavía somnoliento. Entonces le pasé el tetero y en vez de estirarme los brazos para que lo cargara, me pidió que le echara la cobija encima y se quedó haciendo pereza un rato acostado en su cuna.

Yo aproveché para prender el calentador y alistarle la ropa. Finalmente me llamó a las 6 y 20 para que lo sacara de la cuna. Lo pasé para mi cama pero rápidamente se fue a su cuarto de juegos. Lo bañé antes de las siete y bajamos a desayunar. Su "nanu" estaba durmiendo en primer piso porque la noche anterior se quedó a dormir porque me iba a cocinar el almuerzo de cumpleaños junto con su novia Manuela. El pequeño Felipe no aguantó la curiosidad y les abrió la puerta de par en par mientras dormían. Siempre lo hace. Le encanta hacer esa entrada triunfal y que las puertas suenen bien duro. Pero ni se inmutaron. Estaban profundos. Entonces le pedí a Pipe que saliera y les cerré la puerta otra vez. Nos fuimos a desayunar y Pipe habló un rato con su mamá por Skype. Ya se ha vuelto parte de la rutina que sea el desayuno el espacio de encuentro entre el pequeño Felipe y Ángela. Es el único momento del día en que coinciden y pueden verse con tranquilidad.

Antes de las ocho fui a llevar al pequeño Felipe al jardín y se quedó allí como todos estos días, sin problema. Yo regresé a la casa para organizar algunas cosas. Ya me sentía mucho mejor de la tos. La noche no fue tan cruel como las anteriores. Nicolás y Manuela se levantaron al filo de las diez y a las once estaban desayunando, lo que auguraba un almuerzo tardío por lo cual me fui comiendo unas galletas con un tintico.

A las dos y media almorzamos y parece que a Nicolás vivir solo le ha despertado sus dotes culinarios. Prepararon un lomito delicioso, con arroz, papa criolla y además jugo de tomate de árbol, el inmortal jugo de tomate de árbol que nunca pasará de moda.

Por la tarde compartimos con Nicolás y con Manuela hasta que debí ir por el pequeño Felipe al jardín infantil y Nicolás se fue a acompañar a Manuela que se iba a trabajar. Encontré a Pipe jugando, entretenido y contento, tanto, que no se quería ir conmigo. Tuve que ser paciente y esperar a que se distrajera para poderlo cargar y sacarlo disimuladamente. A la hora que llego por él ya quedan poquitos niños y todos están relajados, aprovechando los juegos que hay en el jardín que no son pocos, entonces tanta diversión los amaña.

Regresamos con Pipe a casa y seguimos la rutina como siempre. Llegamos, unas galleticas con jugo y Zoo Moo para ver la colmena feliz. Le di la cena y a las siete regresaron Nicolás con Manuela porque al fin ella no tuvo que ir a trabajar. Entonces se armó la fiesta de piyamas de Pipe con el nanu y Manuela. Manuela es niñera y tiene mucho ángel con los niños y eso se le vio con Felipe. Realmente disfrutó su compañía y le gastó la última pila que le quedaba.

Apenas le di el tetero a Pipe se tiró a la cuna y nos salimos para que durmiera. Cayó de inmediato. Fue un buen día para él, estuvo contento, animado, juguetón y disfruta mucho la presencia de su "nanu", a quien identifica como una persona especial. Sabe que es alguien más cercano que el resto de la humanidad e incluso que el resto de la familia. Es su "nanu".

Ahora estoy colgado con el diario, atrasado un día y corriendo para no tener que adelantar el cuaderno cuando ya hayan pasado muchas hojas. Mañana me pondré al día y procuraré seguir escribiendo cada noche para no estar arrastrando la presión de que se me junten los días como hoy.

Muchas gracias por leer y perdón por los atrasos. El de ayer fue porque estuve respondiendo los saludos de cumpleaños hasta tarde. Me alegró mucho sentirme tan querido y tantos mensajes por distintos medios me llenaron de alegría. Lo menos que puedo hacer es responderlos todos, es mi forma de decir ¡gracias! por tanto cariño y tanta paciencia. Bueno, les deseo una feliz noche y dejo la promesa de no colgarme como hoy. Abrazos fuertes.


lunes, 10 de julio de 2017

Día 41. Julio 10. Faltan 87 días.


Otra noche mala para mí y buena para el pequeño Felipe. Mi tos no dio tregua y el malestar se alborotó con fiebre en la madrugada. En contraste y por fortuna, el pequeño Felipe durmió toda la noche y pasadas las siete de la mañana tuve que hacer bulla en su cuarto para que se fuera despertando y así alistarnos para asistir al jardín. Se despertó con una sonrisa y pidiendo tetero. Yo lo atendí a media máquina, tratando de hacerle buena cara y que no notara mi malestar, porque cuando él nota que estoy enfermo, también se preocupa.

En el desayuno estuvimos hablando con Ángela y Pipe estuvo contento conversando y haciéndole muecas a su mamá. Ya tiene una relación más amistosa con el Skype y entiende que es un medio de comunicación un poco frío, pero al menos puede ver, escuchar y mantener vigente a su mamá en cada mañana hasta que por fin nos volvamos a encontrar.

La mañana transcurrió sin mayor novedad. Dejé a Pipe en el jardín y lo entré rápido porque estaba cayendo una llovizna menuda, de esas que creemos que no mojan, entonces nos lavan disimuladamente.

Yo regresé a la casa a tratar de recuperarme. Tenía la intención de salir hoy para hacer mercado y algunas diligencias, pero el cuerpo no me daba. La fiebre y el malestar seguían y esa tos maldita, seca y carrasposa no me dejó en paz. Entonces aproveché el día en casa para lavarle la ropa a Pipe y para organizar algunos documentos. En la tarde estuve hablando con Ángela. Ella está preparando todo para nuestra llegada con un gran amor y con gran expectativa por lo que será este experiencia para el pequeño Felipe, cuando va a vivir tantas cosas justo en esa época de la que no tenemos memoria.

A las cinco de la tarde recogí a Pipe y lo encontré animado. El reporte de la profe fue de normalidad, de tranquilidad y la directora me contó que está supremamente vivaz. Ha estado contento, el jardín le permite ocupar su tiempo de manera divertida y también compartir con niños de su edad, que hablan un idioma comprensible solo para ellos con el que se entienden perfectamente.

La tarde transcurrió con normalidad. Yo me sentí un poco mejor y así pude atender al pequeño Felipe con todo el empeño. Cenó bien, lo empiyamé y como todas estas noches, se durmió sin mayor resistencia. Esta noche llegó el "nanu" con la novia, porque nos van a acompañar mañana todo el día.

Los días pasan y se van deshojando como la margarita, aún hay muchas cosas que hacer acá pero ya el alma se va fugando, las ilusiones van volando y el futuro para el pequeño Felipe se va pintando de colores en diferentes idiomas. Muchas gracias por estar otra vez acá leyendo esta historia. Feliz noche para ustedes.


Día 40 Julio 9. Faltan 88 días.


Ayer fue uno de esos días ambivalentes, en los que casi todo sale mal pero hay algo que nos mantiene contentos. Mi tos ha empeorado en estos días. La noche del sábado al domingo fue tenebrosa para mí pero afortunadamente Pipe pasó una noche maravillosa. Solo lo tuve que recoger tres veces del tapete, pero ni siquiera se despertó. A las siete y media de la mañana abrió los ojos, hace rato no dormía tanto. La foto se la tomé poco antes de que se levantara.

Mi partido era a las once de la mañana, entonces tuve tiempo de darle el desayuno y de bañarlo. Cuando me iba a ir Pipe se quedó tranquilo. Pero a mí se me empezó a complicar el día. Se me quedó el radio del carro prendido toda la noche y la batería amaneció muerta. No hubo forma de prender el carro ni empujado y no encontramos cables de iniciar por ninguna parte. Entonces tuve que pedirle el carro prestado a mi mamá y salimos con Nicolás, que juega en mi mismo equipo, al filo de las diez.

Lo malo de los partidos a las once de la mañana es que el regreso por la autopista es mucho más demorado porque usualmente se acaban después de la una, cuando media Bogotá está saliendo por esa vía los domingos. Además, mi mamá estaba enferma también y fue la esposa de mi tío quien se hizo cargo de Pipe. De todas maneras el pequeño Felipe estuvo juicioso y tranquilo y durmió un rato largo.

Llegué de regreso casi a las tres de la tarde y le hice una caricia al carro de mi mamá con la puerta de entrada de la finca. Me dolió como si me hubiera raspado los cachetes y peor aún, tener que contarle a mi mamá. No fue nada grave, pero ay... qué dolor.

Finalmente aparecieron unos cables para iniciar la batería pero ya no había baterías disponibles, porque el carro de mi mamá tiene la batería sellada. Todo seguía divinamente en mi día. Afortunadamente Pipe estaba tranquilo y contento, viéndome infructuosamente tratar de encender el carro para que una vez más, muriera en el intento. Finalmente mi hermano llegó a las cuatro y media a darme una mano y resulta que los cables no estaban funcionando bien. Tuvimos que dejar la carga 20 minutos hasta que por fin resucitó mi carro. Solo me faltó darle respiración boca a boca por la tapa del radiador. Qué sufridera.

Previendo que el tráfico iba a estar complicado, salimos apenas el carro encendió. Pipe duró despierto casi todo el camino y solo se durmió a unas cuadras de la casa, por lo que estuvo el resto de la tarde somnoliento.

Ayer no tenía cena para darle. Entonces cociné. Le hice una pechuga de pollo, se la desmenucé y la bañé el miel. Unos nuggets bien pobres pero le encantaron. Se comió todo con un jugo de manzana que también improvisé. Otra vez volvió a las andanzas de jugar para que lo empiyame, pero estaba cansado y apenas lo acosté se tomó su tetero y se quedó dormido.

Anoche no escribí porque estaba muy enfermo. Sigo con tos y me subió fiebre. Es duro tratar de estar bien y que el cuerpo no responda. Hoy trataré de cuidarme, pero también hay cosas por hacer.

Ah, y ayer el día finalmente no estuvo tan malo porque ganamos el partido. Eso le puede arreglar a uno una semana entera.

Gracias por leerme. Perdón por estos saltos de días pero claramente las noches no son predecibles. Abrazos.